Hedonismo consumista o racionalismo?

Cuelgo aqui un articulo que publiqué el 20 de noviembre en el blog “EconoNuestra” de Público.

https://blogs.publico.es/econonuestra/2018/11/20/black-friday-en-espana-y-white-monday-en-suecia/?fbclid=IwAR2RVGgcte6IgpIHyKBWJ8X3P_zgS9WG6-zFxceJJjFSF4T-AnUCPvBjzHM

El día del consumismo tiene un nombre apropiado: viernes negro. Sin duda el consumismo histérico es uno de los puntos más negros para el futuro de nuestro planeta. La cara B de las colas el 23 de noviembre en IKEA, DECATHLON y FNAC no solamente es tu saldo bancario en negativo, es el aparato productivo y logístico necesario para llenar las estanterías en tu templo de consumo. Para llenarlas con cachivaches, las fabricas contaminantes en Asia necesitan cada vez más materia prima que extraen en forma contaminante de las minas en África y Latinoamérica. Para llevar los minerales a las fábricas en Asia necesitan buques enormes que contaminan océanos y molestan la vida marina.  Y finalmente para llevar los cachivaches a Europa se necesita otro viaje contaminante en barco contenedor o avión.

¿Qué es lo que nos ha llevado a esta fiebre consumista? ¿Y por qué seguimos cuando es de sobra conocida que nos estamos cargando el futuro de nuestros nietos?

Probablemente tiene que ver con la secularización. Cuando nos secularizamos surge un vacío y necesitamos llenar nuestros vacíos con algo. La religión cristiana no solo fue superstición y dogma, también fue la filosofía que dictaba como nuestros abuelos tenían que vivir sus vidas para ser felices post-mortem. La caída del cristianismo no es nada trivial, sobre todo desde un punto de vista filosófico y lo que vendrá después. Con la disolución del cristianismo estamos buscando desesperadamente los sustitutos para llenar el vacío: Hiperconsumismo, mindfullnes, narcisismo digital, astrología, tarot y otros sistemas de creencias falsas. En el norte de Europa, la parte protestante de Europa, vemos como la secularización ha llegado más lejos que en el sur de Europa, la de raíces católicas, y el este de Europa, la de raíces ortodoxas. Creo que se podría agrupar los sustitutivos en tres vertientes principales:

  1. El hedonismo consumista. “Black Friday” es el exponente más absurdo de la rueda consumista. Estamos convencidos que sin aquel coche nuevo y sin aquel viaje de lujo no seremos felices. Sentimos ansiedad y al final compramos, con el descuento de Black Friday. La felicidad esperada probablemente nos durará dos días. Después surgirá otro deseo ansioso de un coche todavía más grande, un viaje aún más largo que encima nos dará todavía más “me gusta” en Instagram. En la rueda hedonista nunca seremos felices, siempre habrá un deseo nuevo por satisfacer.
  2. El racionalismo. Es buscar las respuestas en la ciencia comprobada. Ejemplos concretos de vida racional: Ir en bici, ecologismo, veganismo, Unknown.jpegreciclaje, ateísmo, humanismo. Todo lo que es vivir acorde con la naturaleza. El racionalismo está creciendo en el norte de Europa. Es allí donde se está gestando como organizar la vida sostenible en las grandes urbes. Es un gran reto que necesita sacrificios de comodidad. El futuro en estos momentos está sin duda en Copenhague, Estocolmo, Berlín y Ámsterdam. Desde la época de la inquisición la ciencia y los inventos siguen siendo cosas de los protestantes, ¿sí o no?  Pero no solo se trata de un retraso tecnológico, también es la mediocridad política en España (¿se acuerdan de Jose Manuel Soria y su impuesto al sol?).
  3. El alternativismo. Es todo aquello que sustituye el misticismo religioso con otros misticismos. Por ejemplo, Reiki, Tarot, Astrología, Homeopatía, espiritismo etc. Vemos que la necesidad mística y el “alternativismo” es muy fuerte en las sociedades con raíces católicas, especialmente en Latinoamérica. En el norte de Europa no se supo más de la astrología y la homeopatía, ya está prohibida.

No hace falta ser un premio Nobel para entender que el hedonismo consumista se está cargando nuestro planeta. Y es el racionalismo el que ofrecerá la solución. Sin soluciones basadas en la ciencia nunca vamos a poder revertir el cambio climático.

Él filosofo liberal Karl Popper decía que no había vuelta atrás:  tenemos que seguir con el modelo económico de libre mercado y seguir consumiendo. Si aflojamos el consumo, nos encontraremos con el caos. Pero el órdago de Popper no quita que podemos buscar otras formas de consumir y producir dentro de la economía de mercado. Con los avances tecnológicos y los conocimientos acumulados podemos romper la histeria consumista.

El momento crítico desde el punto de vista del crecimiento económico es cómo sustituir el consumo de cachivaches contaminantes con otro tipo de consumo que no contamina. Me explico.

Aproximadamente el 60 % de lo que la economía produce son bienes y servicios para el consumo, el resto son bienes de inversión, bienes para el sector público y al final bienes para la exportación.  Si nos decidimos por dejar de consumir hoy, mañana la economía se colapsará. La producción se detendrá y perderemos nuestros trabajos. Nos encontraremos con el caos tal como decía Karl Popper, es así de fácil. Ningún político ganará elecciones con una economía que decrece. Con lo cual, el truco es hacer el cambio sin destruir empleo y sin colapsar la economía. Hemos de consumir más cultura, más deporte, mas restaurantes con comida local, más formación, más todo aquello que no contamina. En resumen, consumir menos productos físicos y más servicios, y al mismo tiempo hacer estos servicios parte de la economía formal y parte del mercado laboral formal. Veo esta conversión más clara en Escandinavia que en España, donde muchos de los servicios se quedan en la economía informal. 

Según Konsumtionsrapporten, un informe sobre hábitos de consumo de la Universidad de Goteburgo, el consumo de comunicación (telefonía) creció un 50% entre 2006 y 2016, el consumo de entretenimiento y cultura el 43%, y el consumo en educación un 23%. La contrapartida es que el consumo de muebles y productos para el hogar creció el 44% entre 2006 y 2016 mientras el de ropa y zapatos solo aumentó el 18%.

Pero los servicios no puede ser el 100% del consumo, es inevitable que necesitemos productos físicos y aquí viene el gran reto: Tenemos que sustituir los productos contaminantes con otro tipo de consumo, que además tiene la ventaja de generar más empleo, como estamos viendo en el norte de Europa.

Hay esperanza. Yo la he visto en Suecia y en Dinamarca. He visto cómo los habitantes de Estocolmo y Copenhague venden sus coches en favor de la bici y el transporte colectivo. En el barrio de Sodermalm, con 150.000 habitantes de altos ingresos, está hasta mal visto tener coche propio. Han superado la aporofobia de décadas anteriores cuando ir en bici era sinónimo de pobreza. Ahora es al revés. La megatendencia hacia lo sostenible se confirma con dos observaciones sobre dos gigantes de consumo. En una coyuntura económica muy favorable es llamativo que H&M, el imperio sueco de usar y tirar, esté en crisis y cierre tiendas por todas partes. En la misma línea es insólito que IKEA despida en Escandinavia por primera vez en su historia, en un periodo cuando la población en Suecia está creciendo como nunca antes.  Al mismo tiempo se abren cada vez más tiendas de segunda mano de ropa y de muebles. Se abren cada vez más tiendas que venden tela e hilo para coser tus prendas. La tendencia de re-utilización es una amenaza más grande que el comercio electrónico para H&M, IKEA y con el tiempo lo será para Zara.

Para contrarrestar la fiebre hiperconsumista la asociación sueca “Naturskyuddsföreningen”, con más de 100 años y 226.000 socios, han creado el concepto “White Monday” para el 19 de noviembre. La idea es impulsar empresas que trabajan con reutilización y economía circular (https://www.whitemonday.se). Centenares de empresas participan con ofertas de descuentos y otras promociones. Es palpable que la nueva economía circular ya no son palabras vacías, es una realidad cada vez más atractiva, por lo menos en el Norte de Europa.

En fin, la conclusión es que el cambio tiene que venir de nosotros, de cambiar nuestros hábitos de consumo. No podemos esperar grandes soluciones políticas, y menos en España.

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